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Resolucion por los lideres del PPE
Cumbre del PPE
Kortrijk, 19 de octubre 2001

Lecciones de una crisis


El mundo ha cambiado. La Historia nos había enseñado hasta ahora que su curso raras veces conocía inflexiones o rupturas. Sólo transiciones más o menos dilatadas en el tiempo marcaban distintas eras, y nos afectaban a la Humanidad como conjunto.

Los ataques terroristas del 11 de Septiembre, y la convivencia en un mundo global, nos exponen a un nuevo fenómeno. Después de la llamada Guerra Fría se habló del fin de la Historia, de la paz perpetua, de la sociedad transparente. Tras el 11 de Septiembre se habla de la vulnerabilidad y de la inseguridad de la sociedad mundial.

La primera lección que podemos extraer de los fatales atentados, es que éste es el tiempo de hablar de cooperación, de una auténtica y efectiva cooperación que trascienda los discursos o la declaración de intenciones. Desde Europa se nos presenta una ocasión histórica única para afianzar, más que nunca, una asociación estable y duradera con los EEUU, nuestro mejor aliado y nuestro socio más importante.

El vínculo transatlántico debe ser reforzado, en un esfuerzo de cooperación sostenido para articular políticas de seguridad común. Debe avanzarse, decididamente y sin fisuras, en áreas como inteligencia, investigación y justicia, y realizar políticas concretas de seguridad conjunta, que incluyan la detección y eliminación de las fuentes financieras del terrorismo y el aislamiento de los grupos o Estados que toleren o promuevan el terrorismo.

Subrayamos la necesidad de considerar la ayuda humanitaria al pueblo afgano como una prioridad absoluta para la Unión Europea. Las personas, que han sufrido durante años de continuas guerras y del régimen talibán, tienen que ser ayudadas desde fuera de sus fronteras en el contexto de la actual operación militar, y a reconstruir su país después de que haya sido liberado del régimen terrorista. La Unión Europea tiene que desarrollar un plan de acción comprensivo y tener la iniciativa en este crucial asunto.

Esta crisis debe servir también como detonante para dar un fuerte impulso al proceso de construcción europea. Un mundo como el surgido tras el 11 de noviembre sólo puede ser afrontado con éxito desde una mayor unión política europea. En un primer momento, en materias de seguridad interior y justicia, y política exterior y de seguridad común, áreas absolutamente prioritarias.

Debemos materializar y desarrollar la Unión en tanto que espacio de libertad, de seguridad y de justicia dentro del cual se asegure la libre circulación de personas en relación con medidas estrictas en materia de control de fronteras exteriores, de asilo, de inmigración, así como de prevención y de lucha contra la criminalidad.

La Unión Europea debe afirmar una identidad en la escena internacional, sobre todo mediante la puesta en práctica de una política extranjera y de seguridad común, incluyendo la definición de una política de defensa que debe conducir a una defensa común.

Europa tiene que reforzar sus relaciones con el mundo árabe y musulmán. Muchos países árabes y musulmanes están sufriendo igualmente de terrorismo y extremismo. La lucha común contra el terrorismo y la discusión abierta sobre los valores universales debería fortalecer el mutuo respeto y el diálogo y salvaguardar la seguridad, especialmente en las regiones vecinas de Europa, como el Mediterráneo. El diálogo entre las culturas y las religiones es más urgente de lo que lo ha sido nunca antes.

Reconocemos la importancia de un papel europeo más fuerte en el proceso de paz de Oriente Medio. Exhortamos firmemente a la implementación del plan Mitchell y hacemos un llamamiento a las fuerzas política de Oriente Medio para que no tengan una reacción desproporcionada, y para que busquen soluciones de paz lo antes posible.

La seguridad en la Economía

Existe un gran riesgo de que los ataques terroristas del 11 de septiembre hayan acentuado la tendencia a la baja de la economía, que ya se hacía visible con anterioridad a estos acontecimientos. Además, es razonable asumir que el ataque terrorista y las subsiguientes y justificadas medidas adoptadas por los EEUU, la Unión Europea y otras que tienen que ver con los terroristas y con aquéllos que los protegen y sostienen, incrementará a corto plazo el sentido de inseguridad con respecto al desarrollo económico y puede retrasar el punto en el que la economía gire hacia un desarrollo más positivo.

Los gobiernos de la Unión Europea tienen que adoptar un compromiso con el pleno apoyo y la estricta implementación del pacto de estabilidad y crecimiento. Esto es especialmente importante a la luz del lanzamiento final del Euro el 1 de enero del año próximo. Las sólidas finanzas públicas dejan espacio para que los estabilizadores automáticos funcionen sin amenazar el objetivo del Banco Central Europeo para asumir sus propias responsabilidades.

Eso, sin embargo, no excluye el recorte en los impuestos como una parte de la política económica. Generalmente hablando, el nivel impositivo en la Unión Europea es demasiado alto. Pero el recorte impositivo debería ser una parte del cambio estructural de la economía. Otra parte importante de los necesarios cambios estructurales es el trabajo para culminar el Mercado Único. Esto debe ser absolutamente llevado a cabo.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre fueron un ataque a la idea fundamental de un mundo caracterizado por la apertura, la democracia y el libre mercado. Los terroristas no deben triunfar en su ambición de erigir barreras en el mundo. Más libre comercio es indiscutiblemente el mejor modo de combatir la pobreza y promover la dignidad humana. Países como Afghanistan no sufren de demasiada globalización, sino de demasiada poca. El lanzamiento de una nueva ronda de libre comercio por la OMC en Doha, Qatar en noviembre es por tanto más urgente que nunca.

Finalmente, para ayudar en mayor medida a los países en desarrollo, la Unión Europea y los países candidatos a la adhesión deberían desarrollar modos de compartir la experiencia de las reformas de los mercados llevadas a cabo en Europa en los últimos diez años. Así, los países en desarrollo estarán más capacitados para aprovechar los beneficios de la globalización.

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