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DiscursosDiscurso del Sr. Iñigo Méndez de Vigo (PPE-DE, España),
en el Parlamento Europeo, el 11 de Enero 2005 Constitución para Europa Méndez de Vigo (PPE-DE), ponente.– Señor Presidente, cuando en el último Pleno de la pasada legislatura mi Grupo me concedió el honor de intervenir en un acto que organizamos en esta Asamblea en homenaje a Monnet, Schuman y Spinelli, yo me preguntaba qué habrían pensado los padres fundadores, los visionarios de Europa, sobre el momento de la construcción europea en el que estábamos y qué habrían pensado de la Constitución europea. Pienso -lo dije entonces y lo repito hoy- que no creerían que el momento que estamos viviendo fuera real, porque, dejando atrás una Europa dividida en luchas fratricidas, esta Constitución sanciona la paz en nuestro continente y, por utilizar una hermosa expresión del señor Geremek, esta Constitución cose las dos Europas. De una Europa que estaba asolada por totalitarismos, hoy pasamos a una Europa -y esta Constitución lo sanciona- asentada sobre regímenes democráticos donde se respetan los derechos fundamentales. Después de una Europa de las cartillas de racionamiento, esta Constitución sanciona una Europa de la prosperidad y bienestar material. Superando una Europa que había desaparecido del mundo, esta Constitución sanciona una Europa de la solidaridad, como lo prueba la enorme ola de solidaridad que ha surgido en nuestro continente para hacer frente a la otra ola terrible del continente asiático. Esta Constitución tendrá y tiene instrumentos para que Europa a partir de ahora cuente más en el mundo. Creo que la Constitución marca un punto de no retorno y, al igual que en tiempos no muy lejanos la Constitución de mi país fue la Constitución de la concordia, la que permitió avanzar hacia el futuro, esta Constitución europea va a permitirnos a todos los europeos avanzar juntos en un proyecto de civilización común. El valor de la Constitución Europea es el de desterrar las ambigüedades; es el primer documento que define lo que es la Unión Europea como Unión de Estados y de ciudadanos, y no debilita ni mucho menos a los Estados, porque las competencias que tiene la Unión son las competencias que provienen de los Estados, y no debilita las Constituciones nacionales, todo lo contrario: las fortalece, porque la fuerza de la Constitución europea arranca de la fuerza de las Constituciones nacionales. Con esta Constitución, Europa demuestra que es mucho más que un mercado; también lo es, y es importante, pero es mucho más: es un proyecto de civilización común asentado en la herencia religiosa, cultural y humanista. Está reconocida en la primera frase del preámbulo, asentada en los valores de la libertad y de la dignidad humana, asentada en la Carta de los Derechos Fundamentales de la persona. Es una Constitución que apuesta, también, por un determinado sistema económico: un sistema capitalista con dimensión social. Si contemplamos la historia de Europa, vemos que eso, que no era tan obvio hace cincuenta años. Hoy lo es. Por todas estas razones, creo, señor Presidente, que muchas de las banderas que este Parlamento ha desplegado a lo largo de los últimos años se encuentran hoy tan erguidas como las que tenemos ahí detrás. Yo entré en este Parlamento hace trece años, cuando este Parlamento era una Asamblea consultiva; hoy ya no lo es. Entré en este Parlamento cuando se hablaba del déficit democrático de la Unión Europea; creo que con la Constitución europea acabaremos con ese término de déficit democrático, porque esta Constitución introduce más democracia, más eficacia, más claridad y más transparencia, como muy bien ha señalado mi amigo Richard Corbett. Señor Presidente, ésa es una tarea de mucha gente a lo largo de muchos años. Quiero hoy recordarlos aquí. Quiero recordar los nombres de Emilio Colombo, de Marcelino Oreja, de Fernand Herman, de Giorgio Napolitano, de Olivier Duhamel, de Antonio Seguro, de Dimitris Tsatsos, de Antoinette Spaak, de tantos y tantos que, sentados en los bancos de este Parlamento, han defendido lo que hoy va a ser una realidad. Les han llamado muchas veces utópicos o soñadores; pues bien, hoy esos sueños, esas utopías, se hacen realidad. En este Parlamento podemos sentirnos muy orgullosos de ese trabajo que hemos realizado. Señor Presidente, hace ocho años, en esta misma sala, un entonces joven diputado defendía el dictamen sobre el Tratado de Amsterdam y decía que no era perfecto, ya lo sabíamos, pero que no era la última estación, y recordaba, como voy a recordar hoy también, a un Miguel de Cervantes desengañado de la vida en sus últimos días, que decía que había ocasiones en que había que optar por ser camino o por ser posada. Aquello era un camino, y aquel camino nos ha llevado donde estamos hoy y creo que hoy, en esa posada confortable de la Constitución europea, los europeos vamos a encontrar en los próximos años un instrumento eficaz para hacer progresar a Europa en paz, en libertad, en justicia y en solidaridad. Por eso me encantaría que mañana este Parlamento emitiera un voto muy importante en favor de este documento, que abre una nueva era en nuestro continente. (Aplausos) |
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