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DiscursosDiscurso del Sr. José Manuel Durão Barroso, Presidente designado de la Comisión, en el Parlamento Europeo Miércoles 21 de julio de 2004 Declaración del Presidente propuesto de la Comisión Barroso, Presidente designado de la Comisión. (ES) Señor Presidente, querido José, mi más calurosa enhorabuena por su elección. Le deseo mucho éxito, tanto a usted como a la institución que preside. (PT) Señor Presidente, Señorías, es para mí un honor comparecer aquí ante el primer Parlamento elegido democráticamente de la Unión Europea ampliada. Ustedes son los representantes de 450 millones de ciudadanos europeos. Esta Asamblea simboliza el renacimiento de una libertad y una democracia que se extienden por todos los rincones de nuestro continente, desde el Mediterráneo hasta el mar Báltico. Nunca antes se ha llevado a cabo un experimento como este: forjar, de forma democrática, una unión de naciones de Europa, con sus numerosas y variadas tradiciones. Estamos unidos con nuestra diversidad nacional, regional, cultural, lingüística y política. A lo largo de 50 años hemos concebido un modo único y novedoso de colaboración. Hemos aunado nuestra soberanía para afrontar retos comunes. Hemos demostrado que nuestros Estados nacionales son más poderosos cuando actúan juntos en ámbitos en los que Europa obtiene los mejores resultados. No debemos infravalorar nunca este extraordinario éxito europeo. Nuestra visión de integración ofrece un ejemplo para otras regiones. Como afirmó Jean Monnet: «la Comunidad misma es solo una etapa hacia las formas de organización del mundo de mañana». El día 1 de mayo tuvo lugar un hecho de dimensiones históricas con la adhesión de diez nuevos Estados miembros. Lo que hay que hacer ahora es cooperar con el fin de asegurar el éxito de una Europa unida, de garantizar prosperidad, solidaridad y seguridad para nuestro continente. Procedo de un pequeño país que ha vivido la transición de una dictadura a una democracia; un país que, a pesar de situarse en un extremo de nuestro continente, con su corazón se halla en el centro mismo de Europa. Apoyo los valores fundamentales que respaldan nuestra Unión: libertad, respeto de los derechos humanos, Estado de Derecho, igualdad de oportunidades, solidaridad y justicia social. Mis valores y mis experiencias me permitirán, si obtengo su apoyo, construir puentes a través de toda la Unión. Pienso que por este motivo he recibido el apoyo unánime del Consejo Europeo. Soy consciente de que una de las tareas principales del Presidente de la Comisión consiste en gestionar el consenso dinámico que necesita Europa. Ahora más que nunca, debemos contar con una Comisión sólida e independiente, ya que solo así podremos obtener resultados que se traduzcan en beneficios concretos para nuestros ciudadanos. (EN) Estas creencias y convicciones me llevan a plantear hoy un desafío. Quisiera que, junto con los Estados miembros, los interlocutores sociales, las empresas y los ciudadanos de toda la Unión Europea, creemos una asociación para Europa, una asociación para la prosperidad, la solidaridad y la seguridad en nuestro continente. Tenemos que construir nuestra Europa juntos. De los dichos debemos pasar a los hechos. Tenemos que defender los intereses de nuestra Unión todos los días, y el mejor argumento son nuestros resultados. Tenemos que demostrar a nuestros ciudadanos que Europa puede cumplir sus promesas con eficacia, eficiencia y transparencia. Sin embargo, también tenemos que saber en qué nivel se hacen mejor las cosas: a escala europea, nacional o regional, respetando plenamente el principio de subsidiariedad. Lo que hagamos debemos hacerlo bien. Esto quiere decir que tenemos que centrarnos en las cuestiones que revisten mayor importancia para nuestros ciudadanos. Al construir nuestra asociación para Europa hemos de reconocer que el mayor desafío a que nos enfrentamos no es el euroescepticismo de unos pocos, sino con la euroapatía de muchos. Tenemos que escuchar a los que votaron en las elecciones europeas del mes pasado, pero también tenemos que escuchar el silencio de quienes –por el motivo que fuera– decidieron no votar. Nuestras metas son la prosperidad, la solidaridad y la seguridad, y es necesario que mostremos resultados concretos: el euro, que aporta estabilidad monetaria e inversión, un mercado único que potencia el crecimiento, la competencia y el empleo, un modelo social único que protege a los más débiles de nuestra sociedad y ayuda a las personas a adaptarse a nuevas circunstancias, servicios públicos de calidad que ofrecen acceso asequible a todo el mundo, un enfoque sostenible del medio ambiente y –quizá lo más importante– paz y estabilidad en nuestra región y más allá. El mes pasado dimos los últimos toques a nuestro Tratado Constitucional. Esto también es práctica europea: aportar visión, adaptarse al cambio. Este Tratado consolida y simplifica la Unión, refuerza nuestra base democrática ampliando los poderes de este Parlamento y encontrando maneras innovadoras que den más voz a los Parlamentos nacionales y a los ciudadanos europeos. Hará que seamos más efectivos al abordar cuestiones en que debemos actuar conjuntamente. Será un gran desafío. Ahora el desafío es la ratificación. Será un momento crucial y dará lugar a un amplio debate sobre la clase de Europa que quieren los ciudadanos. La nueva Comisión, este Parlamento y los Estados miembros deben preparar las respuestas. Tenemos que dejar claro qué es Europa y esto supondrá un enorme desafío de comunicación. Para ganar este debate debemos rehuir todo enfoque burocrático o tecnocrático, y en vez de ello necesitamos liderazgo y valentía política. Por lo tanto, la asociación que propongo debe responder a las preocupaciones de nuestros ciudadanos. Hoy no es el momento de presentar un programa detallado. Si recibo su respaldo, primero quiero debatir ideas políticas dentro del colegio, y después con ustedes y con el Consejo. El nuevo Tratado Constitucional ya prevé que debemos poner en común nuestros objetivos. Si se confirma, a principios de 2005 les presentaré a ustedes y al Consejo propuestas sobre las prioridades estratégicas generales, para que guíen nuestro quehacer en los años venideros. Una agenda de prosperidad, solidaridad y seguridad como esta tiene que abordar hoy los desafíos más apremiantes de nuestros ciudadanos. Europa y el mundo están cambiando, y nosotros también necesitamos cambiar. Se necesitan reformas. Si queremos que Europa funcione, tenemos que dar puestos de trabajo a los ciudadanos. Pero solo se creará empleo si conseguimos el entorno adecuado para las empresas y, al mismo tiempo, hay que invertir más en cualificación y formación. Hay que poner el crecimiento en primer plano. Nuestra ambición social tiene que alimentarse del éxito económico. La creación de riqueza es la clave de nuestro modelo de solidaridad social y sostenibilidad. Esto está en el núcleo de la Agenda de Lisboa. Conviene aprovechar el espíritu emprendedor y la innovación para obtener una mejor calidad de vida. No hay que olvidar nunca que la economía existe para servir a las personas y no a la inversa. Este es el espíritu con el que tenemos que interpretar también el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Esto significa asegurar la flexibilidad necesaria para continuar en la senda del crecimiento y del empleo, mientras mantenemos la estabilidad monetaria. También hay que cumplir los desafíos de la mundialización. Esto quiere decir: enfrentarse a la competencia en mercados mundiales abiertos. También significa diseminar la prosperidad y las oportunidades en todo el mundo. Es necesario que la Unión adapte su ambición política a sus recursos financieros. No se puede obtener más Europa por menos dinero, en especial si queremos un nivel similar de solidaridad hacia los nuevos Estados miembros que el que hemos demostrado a las regiones menos desarrolladas en el pasado. Sin embargo, también es preciso que demostremos a los contribuyentes que el dinero que confían a Europa se gasta con prudencia. Debemos fomentar la estabilidad e invertir en crecimiento. Esto significa: finanzas públicas saneadas, pero también redes del siglo XXI y servicios de interés general consolidados que entretejan nuestras economías y el continente. Es necesario que los sistemas sanitarios y de protección social se preparen para el envejecimiento de la población y que, junto con la educación, estos servicios sean algo más que una mera red de seguridad. Nuestro éxito futuro dependerá de nuestra disposición a correr riesgos, a estar preparados para el cambio y a introducir reformas. Nuestros científicos, universidades y empresas han de mantenernos en la vanguardia de la tecnología. También hemos de asegurarnos de que los temores comprensibles de los ciudadanos con respecto a los nuevos avances científicos se aborden de forma adecuada y democrática. Tenemos que ofrecer mejor calidad de vida. Esto quiere decir: tomar decisiones ahora para crear los incentivos adecuados para una energía y un transporte más limpios. Es preciso que cumplamos nuestros acuerdos internacionales de Kioto y nos aseguremos de que nuestros socios también lo hagan. Hay que examinar las decisiones de hoy a la luz de su efecto en el crecimiento, el empleo y el medio ambiente de mañana si queremos ofrecer a las próximas generaciones un futuro verdaderamente sostenible. La construcción de una zona de libertad, seguridad y justicia sigue siendo uno de nuestros objetivos estratégicos más importantes. La Comisión debe seguir siendo un fuerza motriz que ayude a crear las condiciones necesarias para la eliminación de las fronteras interiores y el fortalecimiento de las fronteras exteriores de la Unión. Otros elementos clave son el avance de las políticas de inmigración, el asilo y la integración de los inmigrantes en nuestra sociedad. Asimismo, hay que poner en marcha el plan de acción contra el terrorismo. Hoy en día, el terrorismo es la mayor amenaza para la libertad en Europa y en el mundo. En el escenario mundial tenemos que diseminar la paz y la estabilidad. Esto cabe aplicarlo tanto a nuestros vecinos más próximos como al apoyo que damos al papel de las instituciones internacionales como las Naciones Unidas. Hemos de seguir centrando nuestra atención en la prevención de conflictos y en la erradicación de la pobreza y la enfermedad, particularmente en África. Estas son algunas de las cuestiones que forman el telón de fondo político de nuestra actuación. En todo esto, nuestro desafío consiste en cambiar las actitudes, no los valores. (FR) Señor Presidente, Señorías, la Unión Europea es un experimento audaz y sin precedentes. La propia Comisión constituye una innovación institucional única, como corresponde a la andadura europea. Una Comisión fuerte debe ser abierta; debe consultar y escuchar en el marco de un diálogo permanente con la sociedad civil, con los interlocutores sociales y con las regiones. Y para todo ello, la Comisión se basa en la calidad y la independencia de sus miembros, así como en el talento y la dedicación de su personal. Puedo asegurarles hoy que, si merezco su apoyo, estoy decidido a presidir una Comisión que trabaje en equipo y que asocie los diversos talentos y competencias, es decir, lo mejor que han producido las tradiciones nacionales, y que la Comisión deberá responder a los más altos criterios de excelencia en la vida pública. En este contexto, quiero que la próxima Comisión cuente con una mayor proporción de mujeres que todas las Comisiones anteriores. (Aplausos) Debemos hacer comprender esta necesidad al Consejo, que comparte conmigo la responsabilidad de elaborar la lista de candidatos a los puestos de comisario. Ejerceré plenamente los poderes que me confieren los Tratados en lo concerniente a la elección de los futuros comisarios, al reparto de las carteras al comienzo y durante el mandato y a la dirección de sus trabajos. Habrá que reconocer asimismo toda la importancia que tiene la responsabilidad colectiva y hacer que este colegio de veinticinco miembros sea capaz de actuar de forma rápida, eficaz y coherente. Por otra parte, una cosa debe quedar clara: no habrá comisarios de primera y segunda clase en la Comisión que yo presida. (Aplausos) Señor Presidente, Señorías, necesitamos una complicidad positiva entre la Comisión y el Parlamento dentro del respeto de las competencias de cada una de las instituciones. Contraigo, pues, ante ustedes, el firme compromiso de cooperar estrechamente y con plena transparencia con el Parlamento, y tener siempre en cuenta sus dictámenes, incluso cuando estemos en desacuerdo. Les prometo en particular tres cosas: En primer lugar, si un Comisario o una Comisaria no está claramente a la altura de su tarea o si falta a las obligaciones que le impone el Tratado, no vacilaré en pedirle que dimita. En segundo lugar, reconozco la importancia del control democrático ejercido por el Parlamento. Me esforzaré pues por facilitar rápidamente toda la información necesaria a tal fin, me comprometo también a informarles de los documentos transmitidos a las demás instituciones, así como sobre los organismos consultivos a que recurre la Comisión. En tercer lugar, mantendré un diálogo regular con el Parlamento. Además de venir a exponerles el estado de la Unión cada año con ocasión de su primera sesión plenaria de cada año, asistiré regularmente a la Conferencia de Presidentes. Señorías, su compromiso y su apoyo activo son esenciales si la Comisión ha de ser eficaz y si Europa ha de desempeñar un papel de primer plano. Ustedes son la voz de los pueblos de Europa. Necesito su apoyo, porque Europa necesita una Comisión fuerte, creíble e independiente. Me comprometo a contribuir activamente a una Europa que sea mucho más que un simple mercado. Deseo que Europa sea también social y cultural. La cultura debe seguir ocupando un lugar central en nuestra asociación por Europa. Abramos juntos un nuevo capítulo de la integración europea y expresemos claramente nuestra voluntad conjunta de trabajar en el interés de los ciudadanos europeos. No tengamos miedo del futuro: el futuro está en nuestras manos. Y permítanme decirles, para concluir, que como responsable político que se dirige a otros responsables políticos, comprendo perfectamente la responsabilidad histórica de este momento tan especial. Es absolutamente necesario que la ampliación sea un éxito. Es preciso que Europa sea un éxito. Y cuando hablo del papel de la Comisión, no es porque defienda ya mi terreno o mi institución, sino porque creo, basándome en mi experiencia, que la Comisión puede ser el gran mediador del sistema. Que puede desempeñar el papel de amigable componedor entre las distintas instituciones. A este respecto, quiero decirles igualmente que necesitamos una dirección política. Todos tenemos ideas políticas y del mismo modo que tenemos ideas políticas, tenemos amigos, aliados, y también adversarios. Por último, quisiera añadir que, si soy elegido, quiero trabajar con todos ustedes. Naturalmente, estaré más cerca de los que apoyan como yo el avance de la agenda europea y están a favor de la Unión Europea. Pero no seré, y esto quiero decírselo, el Presidente de la derecha contra la izquierda o de la izquierda contra la derecha. No seré el Presidente de una parte de Europa contra otra parte de Europa, pues estoy convencido de que mi elección permitirá tender un puente entre los miembros fundadores y los nuevos miembros de Europa, entre los más ricos y los más pobres, entre los países del centro y los países de la periferia, entre los países más grandes y los más pequeños, porque los necesitamos a todos. Y me comprometo a trabajar con todos por el bien de Europa. Gracias por su atención. (Aplausos) |
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