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Discursos


Discurso de Marianne Thyssen,
Portavoz en el Grupo PPE-DE de la delegación belga,
en el Parlamento Europeo
Miércoles, 4 de julio 2001


Programa de actividades de la Presidencia belga





Thyssen (PPE-DE). - (NL) Señor Presidente, señor Presidente del Consejo, señor Presidente de la Comisión, estimados colegas, aunque acaba de darse el banderazo de salida muchos tenemos la impresión, señor Presidente del Consejo, de que la Presidencia belga comenzó su vuelta de Europa con anterioridad, en concreto en el momento de la presentación, un tanto anticipada, del programa de las dieciséis prioridades, o incluso antes, entre los bastidores de Niza, donde su eficaz maquinaria propagandística logró convertir a Laeken en un símbolo aún antes de que supiéramos que Niza terminaría siendo un fracaso, al menos desde determinados puntos de vista.

No le espera un recorrido fácil. Sin duda ha contribuido a ello con sus ambiciosos proyectos, pero, de todas formas, se hubiera visto obligado a cargar con la mochilita tricolor que le corresponde en tanto que jefe de Gobierno de Bélgica, conocido tradicionalmente como un país donde se es capaz de reconciliar lo irreconciliable y donde en momento difíciles se lanzan propuestas visionarias que contribuyen al progreso de la Europa comunitaria.

En nombre de los miembros belgas del mayor Grupo político de este Parlamento le deseo que coseche el mismo éxito que Jean-Luc Dehaene en 1993. Mereció aquí las más cálidas alabanzas. Aun cuando nosotros no formemos parte de la coalición que usted dirige, no tenemos la más mínima intención de dificultar su Presidencia ni de reducir este hemiciclo a un escenario de uso interno belga. No en vano tenemos demasiado apego a la construcción europea de nuestros predecesores.

Incluso estamos dispuestos a darle un espaldarazo cuando el comisario encargado de supervisar la carrera aparte un momento la mirada, a condición de que usted y su Presidencia emprendan un camino que verdaderamente redunde en beneficio de los ciudadanos, tanto aquí como en el resto del mundo.

Señor Presidente, no tengo tiempo para comentar los expedientes incluidos en el orden del día, pero en realidad la lista es lo de menos. Lo que importa es la calidad de las soluciones y la visión que irradian. Trátese del paso al euro, de la ampliación, de la Declaración de Laeken sobre el futuro de Europa o de los expedientes legislativos, una cosa está clara: los ciudadanos ya no nos siguen, han perdido el rumbo, los integrantes del pelotón ya no saben muy bien adónde los lleva el camino europeo.

Estimado Primer Ministro, procure que los ciudadanos vuelvan a sentirse a gusto en Europa. La panacea no existe, pero sí hay algunas palabras clave: información, participación democrática y transparencia.

En diciembre el Rey le cederá su palacio. Ojalá puedan disponer asimismo de los invernaderos reales porque revisten un enorme valor simbólico. Usted habrá de evitar que el palacio resulte dañado durante la Cumbre de Laeken puesto que los manifestantes y los gamberros no faltarán a la cita de Bruselas, a no ser que usted logre realmente una mayor implicación de los ciudadanos. ¿Por qué no consulta a las ONG europeas? No paralelamente a Laeken, sino tres o cuatro semanas antes. De este modo, brindaría a los manifestantes sinceros la oportunidad de expresar su opinión de una forma positiva y en un momento oportuno. Si los manifestantes propiamente dichos se quedan en casa el asunto perderá interés para los alborotadores.

Espero con gran expectación su respuesta a esta sugerencia.


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